La falta de apoyo autonómico obliga al ITCL a buscar el 60% de sus proyectos fuera

La falta de apoyo autonómico obliga al ITCL a buscar el 60% de sus proyectos fuera

FUENTE: Diario de Burgos

En los últimos 4 años, la plantilla se ha reducido en un 33% y ha tenido que prescindir de alguna línea de investigación. Los recortes en I+D+i «comprometen el crecimiento» a medio y largo plazo», advierten desde el Instituto

En las dependencias del Instituto Tecnológico de Castilla y León no hay ningún signo de celebración. Hace unos meses, a finales de 2014, se cumplieron 25 años de su creación y la semana pasada fue el mismo aniversario de su inauguración oficial pero no hay nada programado para conmemorarlo. Es un claro síntoma de que el momento presente del centro no es para tirar cohetes, y aun así el ITCL sigue peleando por generar conocimiento y transferirlo a la sociedad a través de las empresas como determina su filosofía.

El Instituto, una fundación privada sin ánimo de lucro en cuyo patronato participan varios colegios de ingenieros, las extintas cajas locales y varias empresas punteras, se ha visto afectado seriamente en una doble vertiente que tiene su origen en la administración regional. Por un lado, no hay líneas de apoyo por parte de la Junta a la I+D+i en las empresas y por otro se suprimieron las ayudas específicas para centros tecnológicos, desaparecidas desde 2011.

Esto ha obligado a que más del 60% de los proyectos de investigación y desarrollo que se trabajan en las oficinas del polígono de Villalonquéjar sean para empresas de fuera de la región, cuando en los inicios la presencia era sobre todo local.

Así lo explica el director gerente del ITCL, José María Vela, quien al cumplirse las bodas de plata repasa la trayectoria del centro. Lamenta, sobre todo, la falta de apoyo público a la I+D+i en la región frente a territorios cercanos como Madrid, el País Vasco y la Rioja, y se muestra preocupado por el futuro inmediato. Descarta a medio plazo la desaparición del Instituto e incluso asegura que 2015 será algo mejor que 2014, pero no oculta diversos datos que reflejan el mal momento que está atravesando el centro burgalés.

A lo largo de los últimos cuatro años la plantilla se ha reducido en un 33% al pasar de 60 a 40 personas (de ellas un 10% son doctores y además hay un 15% de becarios) y el presupuesto también ha sufrido recortes hasta quedar por encima de los 2 millones de euros. Siempre según los datos que facilita Vela, actualmente el 83% de las cuentas se cubren con la facturación directa de los proyectos a las empresas para las que trabajan o con los ingresos por programas de formación y el 17% restante llega de financiación estatal o europea, con la ausencia absoluta de dinero autonómico.

Pese a las dificultades, la actividad presenta unos números notables. Solo durante el ejercicio 2014 el ITCL llevó a cabo «82 proyectos en servicios tecnológicos avanzados en otras tantas empresas y 30 proyectos en empresas por los diferentes grupos de investigación», apuntan desde el Instituto, y a todo ello habría que añadir 95 acciones formativas a medida.

En total, a lo largo de sus 25 años de vida se calcula que habrá trabajado «con no menos de 600 o 700 empresas» que inicialmente pertenecían a un entorno cercano y que ahora, ante la falta del «efecto tractor» de los apoyos regionales, tiene que buscarse la vida lejos de Castilla y León.

Quizás por eso, entre las principales líneas de investigación desarrolladas a lo largo de los últimos años José María Vela cita las de Realidad Virtual (simuladores para aplicaciones civiles e incluso militares con empresas de Alemania, Argentina o Brasil), Energía (sistemas inteligentes de ahorro para grandes instalaciones aplicados en Ecuador, Nicaragua o Sudáfrica) y la de Diseño Electrónico/Salud (dispositivos y prototipos para la detección de ictus, apnea del sueño o la mejora de la calidad de vida en personas con discapacidad). Por el camino, y también por efecto de la crisis, se quedó el grupo de Tecnologías Ambientales.

El caso del ITCL no es único, pues está en la misma situación que el resto de centros tecnológicos de Castilla y León. En el periodo 2007-2013 todos ellos redujeron drásticamente su número de proyectos, ingresos, facturaciones, ingresos por subvenciones (la de la Junta hasta un 93%, y a partir de 2011 solo computaban proyectos iniciados en años anteriores) y trabajadores.

La consecuencia de todo ello, lamenta José María Vela, puede ser grave. «La fuerte reducción de la inversión en I+D+i que realizan las empresas compromete el crecimiento económico y a medio y largo plazo de Burgos y la competitividad de nuestras empresas». Se calcula que este tipo de inversión se ha recortado a razón de un 25% anual desde el inicio de la crisis, algo que resulta especialmente arriesgado en el caso de «sectores maduros». Con esta expresión Vela se refiere a aquellos más tradicionales y en los que el índice de especialización es inferior a 1, según el cociente entre la cifra de negocios de un sector en Burgos y la correspondiente a España.

El alcance de los recortes en Castilla y León, además, provoca que el número de empresas innovadoras se sitúa en el 0,5% del total regional frente a la media europea que ronda el 1,2% y provoca que el territorio autonómico esté en el escalón número 3 de cuatro posibles en función de su esfuerzo en innovación, por debajo de otros territorios españoles como Madrid, Cataluña o el País Vasco. Por eso lamenta el gerente del ITCL que «hemos perdido la posición destacada que la región presentaba hace tan solo cinco años».

El Parque olvidado. Aun así, el Instituto mantiene líneas de colaboración con diversas instituciones locales y autonómicas como el Plan Estratégico, la patronal FAE, la Fundación Caja de Burgos, la Universidad de Burgos, el Hospital Universitario (con los grupos de apnea o ictus), el CEEI o la propia administración regional para la definición de estrategias.
Donde ya no aporta demasiado el ITCL, en contra de su voluntad, es en el futuro Parque Tecnológico. En el año 2005 llegó a contar con un proyecto básico que hablaba de ocupar una parcela de 14.000 metros cuadrados y de la construcción de un edificio de 4.750 que compaginaría con el actual del polígono de Villalonquéjar. Hoy en día nada se sabe de todo aquello, el Parque Tecnológico sigue parado a falta de rematar la urbanización y desde el Instituto se limitan a decir: «Deberíamos conocer cuál es la apuesta real de apoyo a empresas y centros de la administración regional y en qué se concreta». De momento, a la espera.

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