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Cardeñajimeno testa con éxito un proyecto telemático de control de la salud en personas mayores, desarrollado por ITCL. Esta iniciativa sumada a los servicios municipales de catering o fisioterapia, ha hecho que ganen en tranquilidad y permanezcan en sus casas

Fuente: Diario de Burgos, 8 diciembre 2019

En el mismo sitio en el que hace más de setenta años Luis, Ricarda, Juana, Severina, Pedro y Marcelina aprendieron las cuatro letras con don Luis Morcillo Ruiz, «que valía más de lo que pesaba», y se divirtieron haciendo de actores y actrices en comedias como Los apuros de un baturro o El médico a palos,   ahora manejan con destreza una tablet a la que le han perdido totalmente el miedo, se toman la tensión o la saturación de oxígeno en sangre y se miden la glucosa y envían esos datos y otros más con respecto a su salud a una plataforma donde un médico las controla y  se ocupa de que tengan la atención necesaria si detecta algún problema. Ocho meses después de ponerse en marcha la iniciativa SATE (Soluciones y Apoyos Tecnológicos en el Entorno) los resultados no pueden ser mejores. Ellos cuentan, en lo que siguen llamando Las Escuelas aunque es un espacio multiusos de Cardeñajimeno, que han ganado en tranquilidad y que están encantados con la iniciativa, que sumada a otros servicios municipales de proximidad, les permite vivir en su casa y alejar la posibilidad de tener que trasladarse a una residencia.

Los siete participantes en el proyecto piloto puesto en marcha por el Ayuntamiento de la localidad, el Instituto Tecnológico de Castilla y León y la Fundación Aspanias Burgos tienen edades comprendidas ente los 68 y los 95 años (todos excepto una superan los 80) y han recibido una formación grupal, otra de carácter individual en su domicilio y durante todo este tiempo han estado apoyados permanentemente por las técnicas Yarisa Matabuena y Vanesa Alegre, a las que se dirigen cuando les surge algún obstáculo. También el día en el que Diario de Burgos se acercó a charlar con ellos. «Esta tablet no funciona, ya me ha dado problemas otros días», insistía Severina Lázaro, de 91 años con toda la razón: No había manera de que se encendiera. Este y otros problemas se están solucionando a lo largo de todo el peritaje y al programa se le han incorporado varias mejoras como pictogramas que indican cada una de las constantes que tienen que recoger, un aumento del tamaño de la letra o un código de letras y colores en cada sistema de medición. «Al principio la máquina daba un poco de miedo pero después se nos ha pasado porque sabemos que no dispara», bromea Luis Peña, de 88 años, a quien Vanesa ayuda a pulsar en los lugares adecuados porque no está muy bien de la vista. En general, todos disfrutan de una salud de hierro con los clásicos achaques de la edad.

La alcaldesa del municipio, Maica Montes, confirma la buena acogida de la iniciativa, que ha venido a completar una serie de servicios que el Ayuntamiento ha puesto en marcha para los mayores a raíz de los resultados que obtuvo una encuesta que se hizo sobre cuáles era las necesidades más importantes de los ancianos. Así, desde hace ya un tiempo tienen servicios de catering, de acompañamiento en momentos de ocio, al médico y a hacer gestiones, y de fisioterapia de los que se benefician alrededor de 40 personas. «Los objetivos que nos hemos planteado tanto con la implantación de estos servicios como con el  proyecto SATE son favorecer la permanencia de nuestros mayores en el entorno rural, demostrar que la tecnología se puede utilizar para hacer que tengan una vida más independiente y promover su autonomía y la salud preventiva, y creo que lo vamos consiguiendo», explica.
«Lo más difícil es echar a andar la tablet porque no puedo con el dedo pero se lo pido a éstas y en cuanto echa a andar ya lo entiendo todo». Se llama Ricarda Hernando y tiene nada menos que 95 años a pesar de lo cual apenas tiene unos pocos achaques que para sí quisieran personas mucho más jóvenes. Para Juana Lázaro, de 87, la tablet es «una maravilla con la que me defiendo muy bien y no necesito ayuda». Tal es su destreza que tiene otra con la que se entretiene haciendo juegos que le ayudan a tener la mente en forma.

En el mismo grupo están Severina y Pedro, hermanos de Juana, de 91 y 83 años, respectivamente, que también se apañan muy bien. Es impresionante ver cómo lo manejan, sin prisa pero sin pausa, y cómo recuerdan cada uno el número del pin que les da acceso a todas las aplicaciones.   
A Marcelina Gutiérrez le viene mejor pulsar con un bolígrafo: «Es que es un bolígrafo especial que tiene una gomita y que para nosotros que somos más de la cuarta que de la tercer edad nos viene mucho mejor. Para mí es estupendo que nos hayan puesto varios colores para cada una de las cosas porque si no, nos iba a costar adivinar a qué corresponde cada una». Marcelina, que vive sola aunque con los hijos cerca y pendientes, recibe la comida a través del catering y también se ha beneficiado de la fisioterapia: «A mí me encanta todo esto porque me gusta mucho vivir en mi pueblo».