Miguel Ángel Montero, Head of Digital Health de Inetum, analiza el reto de la interoperabilidad y el potencial de los datos, la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías para transformar la atención sanitaria y social.
El dato se ha convertido en una pieza esencial para avanzar hacia una atención sanitaria y social más personalizada, integrada y centrada en las personas. Sin embargo, buena parte de la información de salud continúa distribuida entre diferentes organizaciones y sistemas que no siempre se comunican entre sí. El reto ya no es únicamente tecnológico: pasa también por conseguir acuerdos, confianza y una gobernanza capaz de hacer que la información fluya allí donde puede aportar valor.
Montero, director de Desarrollo de Negocio para Sanidad y Servicios Sociales en Inetum; presidente de la Comisión de Salud Digital de AMETIC, y miembro de la Junta Directiva de HL7 Spain, aborda en esta entrevista los obstáculos que todavía dificultan que los ciudadanos puedan disponer de sus datos de salud de forma agrupada, comprensible y utilizable.
Con más de tres décadas de trayectoria vinculada a los sistemas de información para los entornos de salud, Montero pone el foco en la interoperabilidad y en estándares como HL7 FHIR y OMOP, pero también en la necesidad de integrar los diferentes actores del ecosistema sanitario y social. Un escenario en el que la inteligencia artificial y la analítica de datos pueden abrir nuevas posibilidades para anticipar necesidades, personalizar los cuidados y mejorar la autonomía.
Su visión estará presente en el Foro Nacional de Salud de ITCL, que se celebrará el 21 de octubre en Burgos, un encuentro que reunirá a profesionales de distintos ámbitos para abordar cómo convertir la innovación y el conocimiento en soluciones que mejoren la atención y la calidad de vida de las personas.
¿Qué es lo que impide que, en la actualidad, los pacientes no estén en posesión de todos sus datos de salud agrupados y con capacidad para usarlos como deseen?
El principal obstáculo no es tecnológico, sino organizativo y de gobernanza. Los datos de una persona están repartidos entre múltiples organizaciones y sistemas que no siempre se comunican entre sí. Hemos construido la información sanitaria alrededor de los prestadores y no alrededor del paciente.
Además, durante mucho tiempo hemos asociado protección con restricción. Pero proteger un dato no significa impedir su uso, sino garantizar que pueda utilizarse de forma segura, transparente y bajo el control de la persona.
Y no basta con permitir que el paciente descargue informes. Necesita datos comprensibles, estructurados y utilizables, que pueda compartir con quien decida. El Espacio Europeo de Datos de Salud nos orienta hacia ese nuevo modelo

¿Es la tecnología la barrera en este sentido, la regulación, las dificultades de integración entre clínicas privadas, sistema público, otros proveedores de servicios que recogen datos de salud, etc…?
No existe una única barrera. La tecnología para compartir datos de forma segura ya existe y la regulación europea está avanzando con decisión. El verdadero desafío es combinar interoperabilidad, gobernanza y coordinación entre los distintos actores del ecosistema sanitario y social. Los datos se generan en organizaciones públicas, privadas, farmacias, laboratorios, dispositivos y servicios de cuidados que históricamente han evolucionado de forma independiente.
Más que un problema tecnológico, estamos ante un reto de integración y confianza.
¿Existe en la actualidad un estándar… como puede ser HL7, FHIR, OMOP… que facilite la recogida, integración, explotación y visualización de datos clínicos? ¿O por el contrario se siguen utilizando diferentes formatos de datos que dificultan tanto su compartición para la atención sociosanitaria y para investigación?
Existen estándares consolidados, como HL7 FHIR u OMOP, que permiten intercambiar, integrar y explotar datos clínicos de forma eficaz. Sin embargo, la persistencia de barreras de interoperabilidad demuestra que el problema ya no es la ausencia de estándares. Siguen coexistiendo sistemas, modelos de datos y prioridades organizativas diferentes que dificultan la compartición de información. La verdadera barrera es lograr un grado suficiente de alineamiento, confianza y compromiso entre todos los actores del ecosistema. Los estándares están disponibles; el reto es aplicarlos de forma consistente para que el dato fluya allí donde aporta valor: en beneficio del ciudadano
La tecnología avanza a gran velocidad, pero no siempre la innovación se traduce en soluciones útiles para las personas. ¿Qué elementos debe tener una tecnología para ser realmente accesible, inclusiva y capaz de responder a las necesidades de quienes más la necesitan?
Una tecnología sólo genera innovación cuando resuelve una necesidad real de las personas y se adapta a sus capacidades, no al revés. Para ser verdaderamente accesible e inclusiva debe ser sencilla de utilizar, interoperable con otros sistemas, segura en el tratamiento de los datos y diseñada desde el principio con la participación de usuarios, cuidadores y profesionales. Además, debe reducir barreras, no crear nuevas brechas digitales. El éxito no se mide por el nivel de sofisticación tecnológica, sino por su capacidad para mejorar la autonomía, facilitar la toma de decisiones y aumentar la calidad de vida de quienes más la necesitan.
Inteligencia artificial, robótica, sensores, conectividad o análisis de datos están transformando la atención sociosanitaria. ¿Qué aplicaciones tienen ya un impacto real y cuáles crees que pueden marcar un antes y un después en los próximos años?
Ya estamos viendo un impacto real de la telemonitorización, los sensores domiciliarios y la analítica de datos para detectar riesgos y mejorar el seguimiento de personas vulnerables. La inteligencia artificial comienza además a apoyar la predicción de deterioros, la priorización de intervenciones y la toma de decisiones de profesionales y cuidadores. En los próximos años asistiremos a una auténtica revolución cognitiva: sistemas capaces de transformar grandes volúmenes de información en conocimiento accionable para anticipar necesidades y personalizar la atención. Su verdadero valor dependerá de disponer de datos interoperables, procesos bien definidos y una clara orientación a mejorar la autonomía y la calidad de vida de las personas.
INET1 trabaja en un ámbito en el que confluyen tecnología, conocimiento y necesidades sociales. ¿Qué oportunidades tiene Burgos para convertirse en un referente en innovación aplicada a la discapacidad, la dependencia y el envejecimiento?
El envejecimiento de la población, el aumento de la cronicidad y la creciente demanda de cuidados convierten la discapacidad y la dependencia en uno de los grandes retos de nuestro sistema sanitario y social. En este contexto, Burgos tiene la oportunidad de posicionarse como un referente en innovación aplicada si logra integrar su capacidad tecnológica, científica e industrial con las necesidades reales de las personas. Más que desarrollar nuevas tecnologías, el desafío será crear modelos de atención apoyados en datos, interoperabilidad e inteligencia artificial que permitan anticipar necesidades, personalizar intervenciones y favorecer una vida más autónoma e independiente. La verdadera innovación será transformar conocimiento y tecnología en resultados concretos para los ciudadanos.
El II Foro Salud y Bienestar reunirá en Burgos a profesionales de diferentes sectores para compartir conocimiento y experiencias. ¿Qué valor aporta este tipo de encuentros y qué crees que debería ocurrir después del Foro para que las ideas se conviertan realmente en proyectos y soluciones?
Desde mi doble responsabilidad como Health Market Leader de Inetum y presidente de la Comisión de Salud Digital de AMETIC, considero que el principal valor de este tipo de foros es reunir a todos los actores que forman parte del ecosistema: administraciones, profesionales, empresas, centros tecnológicos, universidades y entidades sociales. La innovación más relevante surge precisamente de la colaboración entre disciplinas y sectores diferentes. Sin embargo, el verdadero reto comienza cuando termina el Foro: convertir el conocimiento compartido en proyectos concretos, impulsar espacios estables de colaboración y medir el impacto real de las iniciativas. España no necesita únicamente más ideas, sino una mayor capacidad para escalar soluciones innovadoras que mejoren la autonomía, la calidad de vida y la atención a las personas.

