Elegir la arquitectura de procesamiento adecuada es una decisión clave en el diseño de un dispositivo electrónico, ya que condiciona su rendimiento, consumo, coste, seguridad y capacidad de evolución.
Una de las decisiones más criticas a la hora de diseñar un dispositivo electrónico que ejecutar algún tipo de lógica es la selección del elemento que llevará a cabo el procesamiento. Generalmente, esta decisión se toma cuando ya existe una especificación de requisitos funcionales y debe seleccionarse el tipo, e incluso la referencia, del elemento de procesamiento para el dispositivo. Aunque no es lo más frecuente, podría darse el caso de que el tipo de elemento de procesamiento, e incluso su referencia exacta, vengan dados por los requisitos de diseño.
Esta decisión condicionará el consumo, el coste, los plazos de desarrollo, las prestaciones y, en ciertos productos, la posibilidad de cumplir requisitos de seguridad y ciberseguridad. De ahí la importancia de conocer las opciones disponibles a la hora de seleccionar un tipo de elemento de procesamiento para aprovechar sus ventajas y minimizar sus desventajas, optimizando el resultado del diseño.

La oferta actual abarca desde pequeños microcontroladores hasta procesadores capaces de ejecutar sistemas operativos como Linux o Windows, lógica programable y módulos que integran sistemas completos. Para realizar una selección acertada es necesario comprender las diferencias entre los diferentes tipos de elementos de procesamiento y realizar dos preguntas: qué arquitectura necesita la aplicación y cómo debe integrarse físicamente en el producto.
